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sábado, 13 de septiembre de 2008

Harvey

Algunos le dicen Harvey, aunque el jamás ha dicho su nombre. “Hola ¿Cómo te llamas?” dice el. Entonces le contestan y le preguntan, a veces con palabras, otras veces los gestos bastan, “¿Vos?”. “Llámame como quieras… ¿Cómo te gustaría llamarme?”. Y todos elijen “Harvey”.
A veces se lo encuentra en un banco de plaza, otras mientras se va caminando, otras en los colectivos. El suele estar donde menos se lo espere, pero en cuanto llega es imposible no aceptar sus invitaciones. El llega y se instala y te instala. El llega y te invita. Nunca le dices que si, es más, nunca te percatas de la invitación, pero la aceptas. El llega y abre una fuga.
Se hace pasar por miles. A veces esta en el doble de ella, otras en el doble de una flor, en un sonido; otras veces se hace pasar por un recuerdo. Entonces, te transformas: el cuerpo se hace blandito, como algodón, como una nube, y vuelas, te vas… Una sonrisa, una lágrima. Estás sensible y soñas.
Hay veces en que Harvey sale a caminar, por las noches, con los enamorados del amor, con los solitarios enamorados. Y allí, en la calle, Harvey y su compañero o compañera ven a través de una delgada lágrima que dibuja la realidad como sueño: los escenarios están repletos de personajes; las luces de los edificios y de las calles dejan ver rostros a medias y los vestuarios parecen de un color que luego es otro. Los personajes caminan entre Harvey y el o ella, pero no ven a Harvey, porque para verlo hay que desenfocar la vista, el habita en el universo de los dobles, allí donde habitan romances de vidriera, donde el reflejo de ella y el reflejo de él se hacen un guiño y se invitan a salir, pero ellos no salen, salen sus dobles. Allí, en ese universo secreto de fugas y sueños, allí habita Harvey. De vez en cuando sale y en ese momento hombres y mujeres cambian para siempre, no hay vuelta atrás. El problema es que Harvey es un tramposo, es un farsante, es un mago del disfraz y puede ser ella, puede ser el, puede ser un espejo… Harvey puede ser cualquier cosa y estar prevenido no sirve de nada.

miércoles, 28 de mayo de 2008

La voz del regalo

Estamos esperando regalos ¿Siempre o en determinadas circunstancias? Lo cierto es que muchas veces los regalos están ligados muy estrechamente al contexto, por ejemplo en Noche Buena o el día de cumpleaños. En esos casos hablaremos solo de regalos, claro que si al desenvolver el paquete nos encontramos con algo que no habíamos previsto, entonces hablaremos de sorpresa, un regalo que se conjuga con una sorpresa, que no es lo mismo que un regalo sorpresa. Un regalo que se conjuga con una sorpresa produce un sacudon anímico, una inestabilidad psíquica, pues ha violado al guardián de la razón que todo lo predice. El regalo, gracias a la dimensión “sorpresa” que lo sobrevuela y disfraza, se desliza, o desliza su mensaje cifrado en verso, transformado en poesía, directamente al inconciente. En cambio, un regalo sorpresa no produce un sacudon anímico, porque la sorpresa esta ligada al contexto y no al regalo, entonces la poesía del regalo se pierde y lo que se desliza al inconciente es la transformación del contexto, ahora es el contexto poético, contexto-poesía, lo que voltea al guardián.

La dimensión “sorpresa” puede producirnos dos efectos antagónicos: disminución anímica o potenciación anímica, es decir, tristeza o alegría. Esto tiene que ver con la música del verso, con el ritmo de la poesía, puesto que son los elementos que harán danzar al inconciente, a sus imágenes. Un regalo allegro no produce los mismos efectos que un regalo moderato. En este punto es necesario una aclaración: la sorpresa jamás esta ligada al lujo del regalo, sino a su poesía.

Como hemos visto, en el regalo hay música, hay un coro de voces que algo cantan, que algo dicen. El regalo dice cosas, el regalo es, también, un mensaje. El niño que le trae, a su abuelo, un regalo de vacaciones le esta diciendo a su destinatario “me acorde de vos, mientras estuve lejos”; el novio que le regala a su novia le esta diciendo, le repite como un tartamudo, “te amo” (los amantes no se cansan de tartamudear, de inventar su propio código). Así, ligado siempre a un contexto, un regalo siempre lleva coros que algo dicen. Es importante tener en cuenta eso porque el coro puede ser amplificado o reducido de acuerdo a las características del contexto (la acústica del lugar); es así como muchas veces un regalo queda sin voz, sin expresión, es decir, sin decir nada; otras veces, un regalo dice más de lo que quisiéramos. El regalo lleva una partitura y un mensaje coral que se ejecuta y se descifra, que se escucha. El regalo ingresa por los sentidos, y su música va haciendo giros y remolinos por las orejas hasta llegar al oído y deslizarse, ¡al fin!, arremolinado, a las profundidades del inconciente, donde actúa la sorpresa.

En el regalo hay ritmo, música, imágenes, voces, secretos. En el regalo se expresan códigos y ritos culturales: en qué circunstancias, cómo, a quien y de que manera se debe realizar una ceremonia, la “ceremonia del regalo”, la cual tiene un carácter religioso, místico. En el regalo hay un doble, y el rito, la ceremonia, da cuenta de él; es decir, las voces que cantan “te amo” (aquí se esta en presencia del doble, es decir, las intensidades, las vibraciones que circulan en el regalo) “van a amar” si, y solo si, el contexto lo permite. Un “te amo” molto vivace solo tiene éxito en un contexto “x”, mientras que un “te amo” moderato en un contexto “y”.

En el regalo hay voces y su escucha depende del contexto. La voz del regalo invocara a las emociones a partir de su intensidad; es necesario, por ello, escuchar su poesía hasta entrar en territorio del sueño.

lunes, 28 de enero de 2008

La repetición

Hace un tiempo ví “La Répétition”, un film de origen francés. La traducción al castellano, del titulo de la película, fue “El ensayo”. No voy a escribir sobre el film ni de lo que trata, sino que me interesa tomar lo que sugieren las palabras “repetición” y “ensayo”.

Una persona, con algún ayudante o sola, mezclando líquidos, brebajes, calculando apresuradamente con vehemencia o calculando lentamente, de manera calma y reflexiva; está ensayando una poción, un antídoto o un veneno, quién sabe. Estamos en presencia de un ensayo científico y un escenario: el tubo, el tubo de ensayo. Una y otra vez el científico vuelve sobre el preparado, vuelve a mezclar los las sustancias “a” y “b”, las sustancias actrices, en el escenario, en el tubo. Ahí actúan, ahí sucede algo y… El científico vuelve a mezclar, vuelve a comenzar: ensayo y repetición están ligados, hay una ligazón, pero son distintas ¿Qué es “ensayo”? ¿Qué es “repetición”?

En teatro, el ensayo esta ligado a la fuerza creadora de sus agentes: actores, actrices, escenográfos, músicos, directores. La creación es un agenciamiento, la creación es multiplicidad; en esa creación que sucede durante los ensayos, el ensayo como método (en sentido etimológico de “camino”), la repetición esta presente: se repiten una serie de líneas y acciones, pero siempre en ruptura: el actor repite buscando nuevas intensidades. Tal vez, podríamos decir que el actor repite el proceso de encarnación de un personaje, pero, para “poner de pie” al personaje, el actor recorre su cuerpo con intensidades nuevas que alimentan con más vida al personaje que, de lo contrario, desfallecería con cada actuación.

“Repetición” y “ensayo” no son lo mismo, pero en el segundo hay algo del primero, no a la inversa. El ensayo trae a escena la diferencia haciendo estallar la repetición, librándola de los moldes y rutinas.

En la escritura, Nietzsche y Flusser hablan del estilo vivo que puede reflejarse en el ensayo; el ensayo, la forma ensayística, pone a circular intensidades positivas entre las palabras, anima las palabras, las pone a jugar, a acariciarse entre ellas y hacer nacer nuevas expresiones y sentidos.

El ensayo recobra la intensidad de lo vivo, resquebraja los moldes, es como la fuerza del agua que resquebraja las paredes de una represa que las retienen.

Nos es urgente introducir el ensayo en la vida cotidiana, comenzar a pensar en “ensayar la vida” y no repetir la vida cotidiana, no eternizar lugares, no eternizar roles, porque la vida escapa al molde que pretende ajustarla, moldearla, codificarla. La vida es tan intensa que de un cadáver nace una flor, de los suelos aturdidos por bombas atómicas brotan hierbas… La vida es algo que va más allá de quienes la viven, la vida es superior, es pura intensidad. Entonces ¿Por qué acorralarla en moldes? ¿Por qué imponerle la fuerza de lo “muerto”? ¿Por qué encerrarla en la rutina de lo eterno? Introducir el ensayo en la vida cotidiana puede llevarnos a recobrar las intensidades de lo vivo.

Codificar, eternizar y repetir hoy están ligadas: una intensidad se codifica, por ejemplo, las intensidades que circulan por una mano son codificadas para la escritura, para la ejecución de instrumento, para limpiar, cocinar, etc. Pero, se puede codificar la intensidad de una mano izquierda e inutilizarla como, por ejemplo, en el caso de personas a quienes se les obliga a escribir con la mano derecha: las intensidades se codifican según un orden ¿Eterno?...

La intensidad se codifica y el cuerpo se organiza, el cuerpo se va llenando de órganos con funciones, cada órgano con su función. Así, por ejemplo, la investidura al vientre femenino de “su” función “incubadora”, entonces para devenir mujer hay que realizar el mandato social de “ser madre”… ¿Cómo investir este vientre de otras funciones? Hay que ensayar.

El pene como órgano supremo de placer masculino ¿Es qué no puede haber otro órgano?... Recuerdo una película en que la lengua de un paralítico devenía su órgano sexual por excelencia… Ella tuvo el “mejor” orgasmo cósmico.

Y ¿Qué pasa con el cuerpo social? También allí los órganos, organismos, están codificados con funciones dadas por el sistema mundial. Tal vez, podríamos pensar en las escuelas que se invisten con las funciones de comedor; con el estado que se inviste con funciones represivas, etc.

Ensayar la vida cotidiana, ensayar otros cuerpos… “Ensayar” es una de las practicas que puede devenir practica de guerra contra los moldes, contra la eternización, contra la tristeza mundial engendrada por el sistema mundial actual. Ensayar es volver intensa la vida.

lunes, 21 de enero de 2008

Palideció


Llegar caminando o en auto, colectivo, subte o taxi. Llegar y estar allí, llegar y comprender que es un signo identitario, que el que está allí es porteño o está bebiendo por los ojos la esencia porteña. Sí, parece una exageración, pero es así: se trata de una de las tantas metonimias argentinas; parece que los argentinos vivimos metonímicamente.

Si se ha estado en Buenos Aires es imposible no estar allí. Hay que pasar, aunque más no sea para la foto. Claro, es inevitable no llegar si se ha estado caminando por Corrientes y se ha sobrevivido a la luna “que va rodando por Callao”. Allí está, allí se eleva nuestro destino. Se nos revela erecto en la superficie del suelo porteño. Para algunos está olvidado, naturalizado, sin recordar que alguna vez, antes de mil novecientos treinta y seis, allí había otra cosa o no había nada.

Esa aguja con la que se busca pinchar el cielo es puro símbolo, no es nada más que símbolo: esta allí para significar y el límite de su significación está en la cantidad de voces que lo relatan y de miradas que lo recorren.

También, es observatorio, punto de referencia (brújula), lugar de encuentro; deviene por sus usos ¡Eso es maravilloso! ¡Cuántas intervenciones! Habría que forrarlo más seguido, pintarlo, ponerle un piercing. Pero, eso es obvio, es la metáfora más evidente que revela la porteñidad al palo. “Al palo”, hay un monumento pálido “al palo”… Qué paradoja, es como pensar en un muerto al palo. La cuestión es que tenemos un monumento que está “al palo” y pide estímulos a gritos, pues ha quedado blanco de susto. Sí, es verdad, nadie lo escucha, pero solo basta con pasar una noche, mirarlo desde alguna perspectiva y escuchar su voz a través de las luces; así se verá su cambio de colores, su cambio de animo.

Para devolverle el ánimo hay que intervenirlo, hay que re-crearlo. Nietzsche habló del superhombre y de las trasformaciones que este podría realizar; aquí digamos, al pasar, que necesitamos de las personas al palo, son las únicas que puede sacar al monumento de su estado fúnebre.

Entendámonos, el estado llamado “al palo” puede sublimarse. Eso implica una transformación, transformación energética: de repente estamos grafiteando (escribiendo o dibujando), estamos tocando la guitarra, el piano o cantando… Y así, tantas cosas.

Pintarlo, tocarlo, hacerlo bailar ¡Sí, que baile! Que se deslice, que se tuerza, que se enrosque, que gire, que se abra al medio y vuelva a unirse ¡Si lo viera Dalí! Sí, que siga bailando y así, tal vez, la luna, que sigue rodando por Callao, se acerque a verlo y baile con él. La luna y el monumento (suena como “La bella y la bestia” o “La linda y el de madera”) bailando; y ella, la luna, sigue rodando, sobre el cuerpo trenzado del monumento, hasta llegar, dibujando órbitas, al cielo.

El Obelisco está allí, indicándonos como un reloj, a través de su sombra, el paso de los días y las horas. El Obelisco está allí, marcando sus horas y las nuestras, está esperando ser intervenido, ser sacado del susto.

martes, 8 de enero de 2008

PHOTOyoP/PHOTOyoP(P)ING



“Mira qué bueno que esta el Photoshop, mira las cosas que podes hacer”, me dice Marcos, entusiasmado, mientras retoca una foto. Lo voy siguiendo, está retocando el rostro de un amigo, lo hace para mostrarme como funciona el programa. Me dice “Quiero sacarle la barba y estas zonas irritadas”, “Aja”, le contesto. El, mi amigo, esta concentrado en la foto.

“Voy a cambiarle el color de los ojos y a hacerlo más flaco, le voy a sacar estás arrugas de acá y le voy a blanquear los dientes”. Clic por acá, clic por allá. Comienzo a comparar y hago un “antes y después” mental “¿Ese es ese?”, me pregunto… La cosa no termina allí. “Ahora, le voy a quitar las imperfecciones de la piel” y, después de hacer algunos clic más en varios lados ¡Sucedió! La piel quedó lisa, plástica, piel de muñeca Barbie, en este caso de muñeco Ken. “¿Viste? Así trabajan en las revistas”, me dice mi amigo, dando por finalizada la demostración.

Si tenemos una imperfección en la piel la podemos corregir con Photoshop, si queremos cortarnos el pelo, teñirnos, adelgazar, tener el “mejor” culo del mundo, las “mejores” tetas, los “mejores” pectorales, ser más altos, cambiar el color de piel, de ojos (la lista es infinita) solo tenemos que usar Photoshop y listo. Ah, claro, hay una recomendación: no salir a la calle, porque hay que mantener la “fachada ficticia”. Solución: recurrir a los medios masivos: ser mediatizado, hay que entablar una relación, con la gente (hay que transformarla en “publico”), a través de los mass-media: enviar la imagen (“fachada ficticia”), nuestra imagen de cuerpo perfecto de acuerdo a los cánones establecidos, la imagen que nos formamos a partir del espejo social, a cada recoveco donde se pueda leer una revista, encender un televisor, acceder a Internet, etc. Hay que estar mass-mediatizado no para dejar de lado el cuerpo, sino para que no se puedan ver sus “imperfecciones” (su realidad, su existencia) ni ser tocadas. El cuerpo se observa (en una cultura del culto a la mirada cómo vamos a dejar de observar), pero es un cuerpo irreal, un cuerpo de Photoshop.

PHOTOyoP(P)ING o el devenir “Simone”

Pasar por Photoshop para poner la imagen en vidriera, pero no cualquier imagen, sino la imagen de un cuerpo “perfecto”. La imagen que se exhibe tampoco es cualquiera, sino la de “nuestro” cuerpo retocado, imaginado en una imagen, existiendo en la materialidad de un momento irreal (¿Alguna vez tuve ese cuerpo?).

El cuerpo es suplantado por una imagen… ¡Bienvenidos al “universo Simone”! Simone es una “chica” perfecta, es una alucinación virtual creada por un realizador cinematográfico encarnado por Al Pacino… (Qué cosa, Simone es una alucinación-virtual-femenina-blanca-flaca-actriz-ejecutante, es decir, desde que somos usuarios de computadoras se nos dice que el software nos ayuda, es nuestro “servidor/sirviente/siervo” ¿Simone será uno más de los intentos Hollywoodendes de perpetuar a las mujeres en un lugar secundario respecto del varón (“El segundo sexo”), de ser su servidora? Simone mujer-software ¿Realiza el “sueño occidental”, doblemente virtual -pantalla y Simone-software- de la mujer sierva del varón?)

Regresemos a Simone y Photoshop, software y archivo: el cuerpo se transforma en imagen, que no es más que un archivo, o sea, código. Una vez que el cuerpo es código todo se puede modificar, solo es una formula: código genético, código de ADN, código de seguridad, códigos territoriales, códigos de programación, código binario, etc. Photoshop lleva a la pantalla amigable las ideas eugenesicas (¡Nos la comemos doblada!): el mundo del diseño informático se puebla de las ideas más recalcitrantes.

En la práctica cotidiana, quienes suelen chatear o buscar pareja por Internet, suelen ponerse en vidriera: exhibir su imagen, la cual no deja de pasar por Photoshop. Total, y esta es la clave, los encuentros cuerpo a cuerpo son escasos, lo que importa es calentarse un rato mientras se esta chateando. “Impostar la imagen” es como impostar la voz en una línea caliente. En este caso, estar mediatizado es una salvación… Volverse Simone, devenir Simone mientras se chatea es una posibilidad entre tantas, pero, reconozcámoslo, la más difundida en nuestra cultura y la más conveniente para la maquina capitalista.

Ambivalencia PHOTOyoP/photoYOp

Reducción y amplificación del yo: dos caras de una misma moneda. Por un lado el yo se reduce, se hace más pequeño que una hormiga, es una bacteria, es por eso que se tiene que ampliar a través de una práctica que tiene zoom: photoshoping.

Al yo se lo aplasta entre imágenes de cuerpos ideales (PHOTOyoPHOTOyoPHOTOyoP…) y debe crecer en el mismo territorio, en el de la imagen. Mientras más, una persona, se acerca a las imágenes ideales de los cuerpos “más crece” su yo. Entonces ¿Cuando se altere nuestra forma de percibir imágenes, de relacionarnos con ellas, de codificarlas y decodificarlas, en pocas palabras, cuando se alteren las practicas en torno a las imágenes nuestra subjetividad cambiara? Claro que cambiara, pero ¿Cambiara nuestro modo de relacionarnos cuerpo a cuerpo?... Hay que continuar la lucha en el terreno de las imágenes.

La ambivalencia yo/YO acorralada entre imágenes, apretada, envasada para la venta es uno de los recursos de la maquina capitalista para evitar el “nosotros” (sin mayúsculas). Apretada, la ambivalencia, entre imágenes, no se puede dar a la fuga. Hay que librar la lucha, o proseguirla, en el terreno de las imágenes; desde allí se pueden soltar las ataduras.

¿Qué sentiría el de la foto?

El software que permite la manipulación de nuestras imágenes corporales nos permite alterarlas en función de ciertos códigos de standardización corporal: “Serás tan flaco/a como la del afiche, no más, ni menos”. El cuerpo esta inserto dentro de códigos de aceptación construidos social e históricamente; esta inmerso en tensiones y luchas de poder, marcado por los climas epócales, etc. Nuestro clima, hoy, esta lleno de códigos; lo vemos al estilo Neo (Kenu Reeves, en “Matrix”); por nuestras miradas no desfilan más que números y cifras combinables y re-combinables.

Todos somos codificables. Hay Photoshop para todos: PHOTOyoP, PHOTOtuP, PHOTOelP… Lo cierto es que, de alguna manera, a través de una manipulación virtual de nuestro cuerpo, este software nos hace pensar “¿Cómo me vería si…?”, es decir, nos “hace ver” que nuestro cuerpo es modificable.
A todo esto, la pregunta "¿Cómo me sentiría si...?" permanece tapada por la foto(shop)grafia trucada.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Dejar de ganar




Una pregunta

Ella lo mira, entonce el le sonríe. Ella se le aproxima; el se sorprende y se prepara. "Te puedo pedir algo", le dice ella. "Lo que quieras", contesta el. Todo parece indicar una situación de levante, hasta que ella le pide que se corra, que quiere ver a Mariano Martinez. Solo le alcanza con verlo, porque no se le arrima (¿Por qué no se le arrima?), apenas le sonrie. Al igual que quienes ven una fotografia o ven fotogramas de telenovela solo ve (y siente, claro esta). Le alcanza con eso y luego fantasear. "Fantasear", he aquí la llave o keyword... Porque miles de personas fantasean con Mariano Martinez, chicos y chicas, ancianos y ancianas, todo un arco iris de personas lo abrazan ocularmente y fantasean...
Mariano Martinez es un ganador, es un winner. Pero ¿Por qué es un winner? ¿Qué ha ganado? Ha ganado el espacio y el tiempo de la fantasia; ha ganado el calor de miles; ha ganado el aprecio, las ganas de "tocarlo todo", de "hecerle todo"... Mariano Martinez (desde ahora MM) es un winner. Y ¿Cuando gano? Ha, eso es otra cosa. No lo gano nunca. Pero ¿Entonces no en un winner? Si, es un ganador, el es el ganador, nuestro super-macho-blanco-alto-lindo-ganador y ante el cual se derriten ellas y no ellos. Porque a Ellas le gustan ellos y a ellos, ellas ¡Las cosas en su lugar!, gritan desde los medios. Entonces, la pregunta por el cuando gano MM se transforma y adquiere nuevo sentido, se transforma en ¿Cuando gano el super-macho-blanco-etc.? ¿Habra ganado? ¿Asistimos a la disolucion de una ilusion y entonces los medios emparchan -dan manotazos de ahogado- un relato escualido al que se le ha borrado su historia?

A otra cosa, mariposa

El flujo de fotogramas va trazando una historia en la que ubica a tres personajes: el ganador, la chica linda y el "perdedor". Al finalizar el comercial, una voz en off, para fijar el sentido (¡No vaya a ser que se ande pensando cualquier cosa!), dice "ganale en algo a Mariano Martinez". Parece que Don Clarin ofrece esa posibilidad, la de enfrentar a MM y a alguien, al perdedor, a los miles de perdedores (¿Cómo se construye la figura social del perdedor?).
El perdedor y el ganador, una oposición binaria más que solo adquiere sentido en el tablero de la competición social. "¿Competimos?" dice una voz suave, perfumada; la misma que más tarde dice "perdedor"... Un poco de competencia, otro poco de oposiciones, lo llevamos al horno de Noble y ¡Ya esta! Ahi están, los roles distribuidos para que alguien los ocupe... La gente ¿Ocupa esos lugares?
Una vez construida la figura social del perdedor (figura que tiene historia, que tiene dolor, que tiene vida) habrá que representarla. La voz en off interpela ("ganale") a quien está escuchando, lo trata de perdedor y si, tal vea, gana, entonces, se operara una transformación. De ahora en más, el ganador, el winner ya no es más MM... O ¿Si?
Quien gana, en su intimidad más profunda, festeja, realiza su transformación individual, pero no una transformacion social... La figura del social del perdedor sigue tan fría como siempre, tan eterna como antes.
El tablero social sobre el cual se dibujan dicotomias sigue tan lleno de cuerpos competidores como simpre, cuerpos que producen afecciones tristes: el que gana y el que pierde, el que tiene y el que no tiene son cuerpos que, en este tablero, con estas reglas de juego, en su encuentro se afectan tristemente... habría qué ver cómo lograr más afecciones alegres, más encuentro amistoso y abrir nuevos territorios, tableros, que promuevan encuentros de alegría. Tal vez, habría que tirar el mazo de cartas que nos da Don Clarin y jugar a otra cosa, por ejemplo, a la botellita, con amigos y amigas que vemos siempre.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Te recorre signo, te recorre: apuntes sobre el signo intenso

La vida entre signos

Vamos por la calle y vemos marquesinas de colores, carteles luminosos –si es de noche-, reflejos en ventanas y en el agua; hay papeles tirados en las veredas, graffitis y pintadas en las paredes. Miramos hacia arriba y vemos que la luna esta rodeada de nubes. A lo lejos, escuchamos una sirena. Los autos avanzan o se detienen ante los cambios de luces de unos artefactos; nosotros también. Caminamos, lo hacemos sobre gordos trazos blancos que se intercalan sobre el asfalto.

Entramos a un cine. Una persona nos da un papel que le daremos a otra persona. Nos sentamos y vemos imágenes gigantes, rostros cortados, labios enormes que se abren ante nosotros, en una pantalla. Termina la película. Miramos a nuestro alrededor, vemos caras (todas distintas, aunque iguales, según Humpty Dumpty) y buscamos gestos ¿Qué hay en esos gestos?

Salimos del cine; volvemos a la calle y, tal vez, volvemos a casa…

Llegamos a casa, encendemos la computadora: vemos imágenes, texto, videos.

¡Nos conducimos entre signos! ¡Nos movemos entre signos!

Los signos son todo aquello que, cultura mediante -¡Abracadabra!-, se torna significativo. Nos pasamos caminando ¡Hasta durmiendo! Entre signos… Los signos son toda materialidad que se conecta con nosotros a través de nuestros receptores biológicos, son cuerpos que hacen conexión con nuestro cuerpo a través de nuestros sentidos (receptores biológicos). Los signos hacen conexión, establecen lazos con nosotros. Aquí me detengo, este es el punto que abordare aquí, puesto que en el lazo entre cuerpos es donde circula intensidad.

¡¿Más signos?!

Tal vez, la mejor taxonomía realizada sobre signos fue hecha por Charles Peirce, quien afirmaba que sin signos es imposible pensar, vivir y solucionar problemas de la vida cotidiana. Peirce habla sobre distintos tipos de signos: símbolos, índices e iconos son los más conocidos.

En Peirce hay una verdadera fascinación por los signos, Peirce esta envuelto en signos que lo conducen por el pensamiento, la vida… Es un enamorado de los signos.

Pero, con esta cantidad de signos no nos alcanza… Bien decía, nuestro enamorado de los signos, que estas materialidades tienen vida, es decir, tienen un recorrido vital: como un cuerpo, son jóvenes y vitales, rojos, bellos, exuberantes en un momento y, con el paso del tiempo, van envejeciendo y llegan a la muerte.

Hoy, hay nuevos signos y estos han puesto de manifiesto una propiedad que ha existido siempre en los signos de las artes.

Los nuevos signos son los que han nacido con las tecnologías electrónicas y han viajado hasta las tecnologías informáticas; claro, estas ultimas han producido más signos. Lo que tenemos que resaltar es que estas materialidades funcionan gracias a la intensidad, propia de los signos de las distintas artes.

Como nos advertía Peirce, no tenemos que olvidar que los signos están ligados a procesos cognitivos y, al ser materialidades, a la sensibilidad, a nuestro cuerpo. Por lo tanto, podemos decir que con estos nuevos signos se abren nuevos modos de conocer y sentir, percibir el mundo… Lo cual, seguramente, conduce a la emergencia de nuevas subjetividades.

Arte intenso

Las artes producen intensidades a trabes de signos intensos que desbordan la significación, la hacen temblar. El signo intenso es característico de las artes, de todas las artes. De hecho, la capacidad del arte (lo que muchos han definido como su función no comunicativa) de hacer reventar los códigos, de llenarlos de intensidad hasta hacerlos estallar, es lo que le otorga su valor micropolitico, de lucha, de resistencia. Una aclaración: toda obra artística es dinamita para los códigos, sin embargo, quienes, en las relaciones de poder, ocupan una posición dominante pueden definir, pueden crear, signos de protección, es decir, cómo interpretar una obra (un marco metacomunicativo, según Gregory Bateson)

Cuando vemos a un actor en escena no solo lo vemos y escuchamos, sino que lo sentimos ¡Pero cómo! ¡Si no nos esta tocando! No, no nos esta tocando, pero los signos (cuerpos que esta pariendo) nos están conectando. Hay un lazo entre el y yo, hay un lazo entre el y nosotros, un lazo de intensidad. Esa misma intensidad que recorre al signo, y recorre nuestro cuerpo, se presenta en la música y en las imágenes fotográficas y cinematográficas.

Es obvio que la intensidad es algo totalmente empírico que podemos sentir como una caricia. Cuando frente a una escena cinematográfica nos retorcemos o distendemos o sentimos cosquillas, podemos decir que estamos frente a un signo intenso. Claro, es seguro que la intensidad parezca propia de los signos sonoros: de la voz, de la música, entre otros. Sin embrago, vuelvo a señalar que la intensidad esta presente en todos los signos propios de las distintas artes, y en la intensidad de ellos reside su capacidad de crear “otros mundos”, de reventar los códigos, de hacerlos estallar en miles de partículas que se tornan semillas de las cuales brotara o brotaran, si encuentra/n cuerpos e intensidades que lo afecten, algo ¡¿Quién sabe qué?!

La producción global de signos o la globalsignacion

El capitalismo ha mutado a semiocapitalismo. La producción se ha orientado a la producción de signos, de imágenes y representaciones. El antiguo proletariado se ha transformado en cognitariado.

A través de interfaces graficas, signos amigables, en computadoras, cajeros automáticos,, teléfonos celulares y otros objetos con los que nos conectamos en el transcurso de nuestra vida cotidiana, estamos en contacto con signos intensos.

El semiocapitalismo, a través de las tecnologías multimedia, se ha apropiado de la producción de signos intensos. Un sonido, un reflejo en una marquesina en una pagina web, son signos intensos. El cuerpo de quien esta frente a una computadora, un iPod o un teléfono celular no es un cuerpo insensible, sino que es un cuerpo que recibe intensidades. La pregunta, en este caso, es ¿Qué tipo de intensidades? ¿En qué grados? ¿Son las mismas intensidades que recibimos frente a una pintura de Stupia, por ejemplo?

Es obvio que el cuerpo, que la trama nerviosa, necesita de estímulos. Quien esta sentado frente a una computadora programando, llenando planillas u otra cosa, recibe estímulos a través de signos intensos ¿El cuerpo anudado (lleno de contracturas y estresado) será producto de la intensidad poco vital de los signos intensos generados por el semiocapitalismo?

Reventar el código

El arte digital puede, también, como todo arte, trastocar nuestra percepción sobre el flujo virtual.

El semiocapitalismo esta llenando nuestras mentes de nuevas representaciones, esta poblando nuestras vidas de nuevos signos, pero lejos esta de llenar nuestros cuerpos de intensidades vitales. Aquí, en este punto, surge como una suerte de proyecto Magrite, el arte digital para trastocar nuestra percepción ciberespacial y cibertemporal ¿Hay alguna razón por la que esta palabra se ha evitado? ¿Hay alguna intención de mantenerla oculta y evitar, de esa manera, la reflexión sobre nuevos modos de experimentar la temporalidad?

Volviendo… El arte digital produce signos intensos en el ciberespacio y el cibertiempo. Allí el poder de resistir: el signo intenso es una granada al código.

Es importante reconocer que los modos de percepción cambian, se transforman; que nuestra sensibilidad cambia. Pero, nunca, jamás, el cuerpo se transforma en mármol porque el signo intenso siempre esta aquí, vibrando intensamente, para conectar nuestro cuerpo con nuestro mundo, para sacudirlo y suavizarlo.